Bajas

 

* Algunos de los textos que incluye esta sección fueron publicados inicialmente en el portal de periodismo ciudadano loquepasaentenerife.com, en prensa escrita o fueron confeccionados para su difusión radiofónica.

* El autor no se hace responsable de las opiniones vertidas.

(Sección en obras)

 

Poeta en océano*

Marinero en tierra, poeta en océano, brocha y pincel a la pintura, hombre que a cal y canto, sobre los ángeles, surcas la antología poética de la amante: Rafael Alberti, llave del Puerto de Santa María, te vi una vez, en Madrid. Ya andabas en silla de ruedas. Morían los años ochenta [del pasado siglo] y la vida se reflejaba en tus generosas ojeras, iluminadas por los destellantes brillos refulgentes de tus luceros cargados de tiempo. Qué dura la vida, qué dura la muerte. Se trataba de una noche fría, la primera en que Paco Ibáñez (de negro rigurosos), tu amigo, camarada y trovador, cantaba de nuevo en España tras diez años de exilio. De la mano del sociólogo y periodista grancanario Antonio Puente llegué a aquel teatro, del que hoy ni recuerdo su nombre. Fue una suerte y un honor compartir el patio de butacas contigo. Te sabía allí, varado en la primera fila, lleno de vida, luchador; aunque también te sabía enfermo, con mil achaques, asfixiado por un cansino y cansado respirar entrecortado bañado en flemas de oscuros fondos marinos. El reencuentro de Paco Ibáñez con sus amigos, con su público y con su tierra unió sentires de norte y sur, de rompientes y costas, de historias y de la Historia, y nos hizo viajar al más profundo rincón de los valores humanos. A la salida, en busca de tiempo y de la oportunidad de un pequeño roce contigo, agarre el chaquetón de cuero que lucía por entonces Antonio Puente. Quedamos parados en la noche. Condujeron tu silla ante mis ojos. Sin moverme, descubrí que todo mi cuerpo -por dentro y en silencio- susurraba: Maestro. Entonces compartimos la palabra, el ritmo, la sonoridad, el brillo, la luz, los colores, la percepción; todo en un instante y desde lejos, en una noche a la salida de un concierto de Paco Ibáñez. Igual te diste cuenta. Marinero en tierra, arrastrador de vocablos e ideas, intenso y comprometido habitante de lujo del siglo XX, tranquilo, pronto serás poeta en océano y no se equivocará la paloma, no creerá que el mar sea el cielo ni la noche la mañana, todo será Alberti.

* Publicado en el periódico La Gaceta de Canarias el viernes 29 de octubre de 1999.

Amistad

Con los años sé que la amistad es unidireccional, como la información, y no de ida y vuelta como la comunicación. La amistad nace, crece y se reproduce en uno y por más que queramos engañarnos para creer que es bidireccional en igual grado de intensidad, eso sólo genera desengaños y dolor. Uno hace recuento de todos aquellos y aquellas que creíamos amigos y amigas para toda la vida y hoy los sabemos lejos y quizá muy desinteresados por nuestro destino y trayectoria laboral y personal. La vida, el camino, nuestras historias y devenires nos apartan de todo, hasta de quienes mantuvieron unos lazos otrora inquebrantables. Es triste pero cierto. Uno va sustituyendo amistades, se crea enemistades con los hermanos de la vida y deja de felicitar por Navidad y Año Nuevo a los amigos de siempre. Mas en lo más recóndito de nuestro interior hay esperanza, pues queremos pensar que los amaremos para siempre aunque brillen por su ausencia. Hemos querido a tanta gente, hemos ayudado a tanta gente, hemos compartido tantos malos y buenos ratos con tantas personas queridas que deberíamos tener tal elenco de buenos amigos y amigas que saturaría nuestro cupo en las redes sociales. En ocasiones se nos van antes de las rupturas, el abandono, la dejadez o el olvido, y pasan a engrosar el rol de amigos y amigas que partieron a destiempo. Y quizá sea una alegría, pues por lo menos siguen en el recuerdo como auténticos amigos y no como amigos que fuimos y ahora que te den por donde te duela.

El sobrino preferido o se nos fue tía Beba

Hoy ha muerto tía Beba. La nombré hace unos días en este blogexilio. Un derrame cerebral se la llevó rápido, sin dar más tiempo que el necesario para llevarla al hospital y pensar que podía ser grave. Siempre decía que era su sobrino preferido. Tío Eduardo anda achacoso desde hace unos años, casi encamado en los últimos meses, y va tía Genoveva y se nos va antes, y sin avisar. Y encima cuando está preparado para este domingo el baustimo de mi sobrina Karin Cristina y la consiguiente populosa comida, ya solicitada y paga. Iremos mañana a su entierro y al día siguiente al bautismo. Unos llegan y otros se nos van. Me llama mi madre, pregunta si todo está bien por aquí y dice que por Tenerife no; que si un derrame, que si al hospital y que si se nos fue. Uno trata de asimilar estas pérdidas con naturalidad; piensa que a la bolsa de viaje que tiene en el maletero del coche (aquí le dicen portabultos) le falta una camisa negra y un pantalón acorde que tendré que ir a buscar luego. Que me queda mucho trabajo que hacer hasta subir al avión, y hasta que tía Beba supo elegir el día, porque su sobrino preferido ya tenía pasaje para arribar a Los Rodeos esta misma tarde y no faltarle en circunstancia tan señalada. Uno llora ante la pantalla que se vuelve acuosa por momentos y las imágenes de la niñez pasan machaconas por una cabeza que trata de imaginar el dolor de su hijas, de Bebita, Merki y Elvira; y del pobre tío Eduardo, al que todavía no le han dicho nada de la pérdida. La experiencia familiar nos dice que cuando se va uno de una pareja incombustible de estas de antes, el otro le sigue al poco tiempo. Y no puedo intuir cómo se sentirán esas tres mujeres si quedan huérfanas en un pis pas. Tía Beba no dejaba un sábado de ir a la peluquería, lucía unos peinados espléndidos, acolchados, luminosos, resistentes a las inclemencias del tiempo. Este sábado faltará a su acostumbrada cita en Bambú; pero nos tendrá a todos consigo, y seguro que unas manos de hija sabrán atusar por última vez el pelo de una madre dura de carácter, de las de antes, pero con un corazón para los suyos como es de recibo. Descansa en paz, Tía Beba, que todos agradecemos y reconocemos tu desvivir por los tuyos.

Tránsito

Tío Eduá se fue en viernes, para que lo enterráramos el sábado y Tía Beba lo pudiera recibir peinada en el otro mundo. Tío Eduardo (Gutiérrez Delgado) estaba seguro de que su mujer, estuviera donde estuviese, no afrontaría una jornada de sábado sin haber ido antes a la peluquería. Camioneroaguador a razón de 6.000 litros por viaje, anegó Izaña y las Cañadas durante años. Las truchas de la piscifactoría de Aguamansa aún corean su nombre y las curvas del camino al Teide se asientan en sus huellas. Tres flores en la senda: Bebi, Elvi y Merky.

La llave del otro féretro o las cuevas de Tenerife

La llave del otro féretro (imagino que el anterior, o el otro) estaba en la palmatoria de uno de los cirios eléctricos que flanqueaban la caja mortuoria. Lo supe en la tarde y me lo llevé poco antes del amanecer. Supuse que alguien en el velatorio anterior cerró el consiguiente ataúd y la dejó allí para que nadie de su familia cargara con la responsabilidad de tener que abrirlo. La llave de la vida, la llave de la muerte. La llave con la que abriré cada segundo a partir de ahora. Agarro el pomo y abro la puerta… Queda conmigo la llave del otro féretro. Es coqueta como si fuera de una armario empotrado y de bronce viejo lustroso. La sumo al mazo del llavero que me abre las cuevas de Tenerife.

En el blog de Bruno o la espuela de tío Eduardo

Bello y luminoso día en el Valle de La Orotava. El Teide se alza magestuoso, luce sus mejores brillos en sus laderas y pareciera que el exilio hubiera muerto. Las cumbres me recuerdan que el fallecido es Tío Eduardo y que la corona forestal decora el nicho que lo supo arteria, río, boca de galería y manguera de manantial.

La lucha canaria gana para los restos un histórico aficionado a título póstumo, Luis de la Cruz tiene un artículo: Tío Eduardo lanzando cinco duros al Parri, el Pala, Barbuzano,…

Esta madrugada los gallos cantaron su última presencia, la ausencia dulce del octogenario (lamido por el sol hasta perder pigmentos) atento a una espuela voladora que dibuja sobre la arena el toque de gracia: la espuela de Eduardo.

Las campanas de las iglesias de La Orotava suenan, repican y reclaman, su espíritu se esparce con la suavidad y parsimonia de quien sabe cerrar la puerta.

NOTA IMPORTANTE: Robo a Tertulia Villera, la página-blog del inquieto investigador (y gran amigo de la familia) Bruno Juan Álvarez Abreu, unas fotos y les emplazo a que visiten su Web, ofrece un magnífico obituario de Tío Eduardo.

La muerte de un camello

Suena el teléfono y dicen que murió un camello. Igual era dromedario peludo, de boca grande y dientes ennegrecidos y emergentes en la sonrisa, si es que estas bestias sonríen. Murió como mueren las bestias, solas en guarida perdida, sin familia que pusiera esquela o se encargara de su osamenta. Murió el camello pardo, aquel de extremidades largas y potentes, de cabeza grande y más largo cuello, que a pasos agigantados lanzaba sus patas al camino. Pacía por Los Realejos, por el Toscal-Longuera, por el Valle todo y por los antros del camino viejo de la Villa de Arriba; donde tenía guaridas y enterramientos, que más muertos tiene el camino. Al camello, aunque uno le eche de comer, le de leña con la fusta, la vara o la caña, camina a su aire, babea lo suyo a su ritmo y da aspavientos, rehúsos y reculadas. Es animal bravo, terco, veces trabajador, veces cabezudo-tozudo y remolón. Un poema de un autor canario brinda a la literatura el coito del camello y la camella en el parque nacional de Timanfaya, los bramidos, embistes y jadeos llenan la noche y como vía láctea, el esperma llueve en la camella matriz al tiempo que cuatro estrellas fugaces deslindan el cielo, los cráteres y el horizonte. Murió el camello y no de viejo, dejará de cargar sus bolsas, está en el cementerio. Descanse en paz.

Pitu Chula Nené o la no sustituta

Es una perra menuda mil-leches que los jóvenes vecinos, antes de su ruptura sentimental, echaron a la calle y se vio abocada a convertirse en la sombra de Toto Chulo, el Toto más Chulo de Toto. Luce, por la gracia de un zarpazo gatuno, un ojo velado que da asco a primera vista; pero que luego se torna magnífica excusa para el bien-querer-compasivo. Ellos (la pareja desintegrada) le decían Pitu, de Pitusa -imagino. Tras el paso de Olivia (la Nené) por la cueva de Toto y la muerte por aplastamiento de Toto Chulo, renombré a la Pitu y es ahora mi Pitu Chula Nené. No busco en ella la sustituta al amigo perruno perdido; ni trato de darle más cuartelillo que a otros animales con los que he confluido; pero se sabe miembra del barrio, y asume con solvencia su nuevo estatus de perra titular de la calle Amanay. Embargado por la dureza de la distancia, la incomunicación, el abandono o el olvido, el ser humano encuentra en el reino animal apoyos que otrora no valoraba en su justa medida. No hay rasero; que todos sabemos de perros y gatos millonarios tras el fenecer de señoras mayores que en sus últimos días testaron a su favor. A Pitu Chula Nené no le dejaré un duro (ni un blando), pero ella entiende que tras el umbral de la cueva hay un anacoreta (o un escribano, como dijo el otro) que la tiene en cuenta cuando hay restos y algún hueso suculento. No asumiré aquello de “a rey muerto, rey puesto”, pero la nueva reina de Toto, la ‘Pituchulanené’, hace méritos cada día para llenar el vacío de quien la conviertiera en su sombra. Sólo faltaría que estuviera cargada y en unas semanas pariera nuve cachorros machos (como la perra ratonera del sobrinaje, Tea) y perpetuara los genes de Toto Chulo. Entonces, está claro, no tendría escapatoria y me vería obligado a convertirme en el padrino de tremenda camada.

Muere Bombero, el burro ‘funcionario’ de Pájara

Tras un corto período de enfermedad, hoy falleció Bombero, el burro ‘funcionario’ que por espacio de más de ocho años, y como reclamo turístico, hacía funcionar la noria elevadora de agua ubicada frente al Ayuntamiento de Pájara. Bombero, que últimamente necesitaba incluso ayuda para ponerse en pie cada mañana, fue regalado al Ayuntamiento de Pájara en 2002 por los responsables de la empresa Oasis Park La Lajita, y tenía casi 30 años de edad. El veterinario municipal y su cuidador, Benjamín Díaz Díaz, acudieron hoy a supervisar su estado de salud, y sólo pudieron certificar la muerte del animal, que también era muy visitado por los escolares de la localidad, ya que la noria es uno de los atractivos de la Ruta Etnográfica de Pájara. El que posiblemente fue el burro más fotografiado de la isla de Fuerteventura en la última década, era cariñoso y afable, pero también tenía su genio y sus prontos. “Entre las anécdotas más conocidas y desgraciada de Bombero, y que siempre recordaremos”, apunta un funcionario del Ayuntamiento, “está la de la mordida que dio en el pecho a una turista que se le acercó demasiado, a quien seguro marcó con un cardenal por espacio de varias semanas”. Pepe Cofete, el sustitutoCon motivo de la enfermedad de Bombero y ante la imposibilidad de realizar su trabajo diario de mover la noria, los propietarios del Oasis Park La Lajita tuvieron la deferencia de regalar al pueblo y al Ayuntamiento de Pájara un ejemplar de burro majorero, de dos años de edad, para que ocupara el lugar de Bombero. El inicialmente conocido como Cofete (por su color) fue bautizado luego como Pepe Cofete, burro que tras un intensivo entrenamiento en la tahona de la localidad, ya mueve la noria del Ayuntamiento de Pájara con el salero propio de quien, ante los turistas y visitantes, se sabe el foco de atención y la estrella de todas las instantáneas.

BurroBombero.jpg

Gente anónima pero querida

Agustín Polo González, Tinito, estará jodido. Suena el teléfono y le dicen a uno que se ha muerto Toño el Burra, uno de los chicos jóvenes que Tinito llevó a mi buhardilla de San Vicente Ferrer en 1990 para escuchar en el Calderón a los Rolling Stones (cantos rodados). Era hermano de Chicho, a quien no hace mucho lo mató un coche cuando iba en moto a su restaurante de El Ratiño, en la villa de La Orotava. Gente cuasi anónima pero querida, gente que deja a una familia destrozada; como cualquier pérdida. Antes la gente se moría durante la cuesta de enero, y ahora parece que se extreman a irse en pleno julio, con agosto a las puertas y un mundial de Windsurf que hoy se rinde ante Sarah Quita Offringa, campeona 2008 de frestyle (estilo libre). Se fue tía Beba, el Turi, Lolo el Rubio y ahora Toño el Burra. Y los tres fueron encontrados sin vida en sus aposentos. No meto las barbas en remojo porque ando afeitado a diario, pero extremo las precauciones. Como más frutas, verduras y pescados. El tabaco acabara con uno, pero espero que no sea pronto. Por lo demás, entre Pinto y Valdemoro, y a la espera de las llegadas veraniegas a esta FuerteAventura, que estos días me aloja de lujo en el H10 Tindaya y me brinda mañana la oportunidad de conocer el H10 Esmeralda, ambos en Costa Calma. Viva el deporte de la tabla vela.

Los pertinentes

Tenía en la nevera el título de un post para un día que se presentara esquivo, insulso, renqueante o vacío. Surgió inicialmente de la picardía y visión crítica del desparecido Manuel Juan Suárez Luis, Silvestre, el Lindo Gatito, que nos dejó quizás por no llevar el casco bien colocado el día que embistió un camión su moto. De la pérdida hará dos años, y sus padres aún no se han recuperado. Se van de la Villa por las Fiestas, no conciben la Romería sin su primogénito; y ni van por Valle Gran Rey a desempolvar el polvo de las ventanas del apartamento que Silver compró allí. La historia comienza cuando decidió hacer una despedida de soltero por aquello de casarse otra vez. “Haz un cartel anunciador”, me dijo, y lo colgamos en lugar destacado en el bar Suizo, que por entonces abría doña Nina, la madre de Agustín Polo González, Tinito. Un cartel tamaño folio, con un plano de ubicación de la finca de los Perdomo (parte de su familia), donde se indicara la fecha y hora del evento. “Se te va a meter todo tipo de gente”, traté de advertirle. “Tú no te preocupes”, dijo él luciendo la dentadura de diseño que mandara construir. Tú pon ahí, en letras bien grandes, que están invitados “los pertinentes”, que ellos sabrán quienes son.

Manuel Juan Suárez Luis

Detrás de una perpetua sonrisa de dientes postizos requetealineados, producto de una reconstrucción de urgencia tras sufrir una agresión gratuita mientras hacía autostop frente a la Playa de Martiánez, cuando desde una motocicleta le golpearon con un palo en todos los morros; tras esa sonrisa, digo, fluía un tío cachondo, feliz, dotado del impagable don de irradiar optimismo al prójimo. “Y eso se agradece”, como bien dijo su prima Malaly durante el multitudinario funeral que acogió la Villa de Arriba. A Manuel Juan no lo llamaron Juan Manuel porque en la calle donde habitaba la familia vivía un hombre ruin con ese nombre. Silvestre como a su padre y abuelo sí lo llamamos, como Silver y hasta Lindo Gatito. Los muertos no se lo llevan todo. Arrastran con su prisma de millones de imágenes de muchas vidas, mas los espejos de las memorias de los que compartimos lugares y momentos  reviven, y aparecen un viajero paraguas desplegado que ahuyenta la lluvia, un perro, dos jóvenes y una motocicleta Yamaha Katana de media cilindrada que los porta por la Avenida Generalísimo del Puerto de la Cruz, en el Norte de la Isla de Tenerife; y lo hace un campeonato de fútbol sala de instituto en el que él fue el portero campeón y estrella, capaz de bloquear lo imposible y dejar atónita a la concurrencia contemplando cómo se convertía en gol la jugada más ridícula y desafortunada. Capaz de guiar en pista a un comandante de aviación, su nave y pasaje desde una motocicleta de baja cilindrada a la que pilotaba sobre la rueda trasera en su etapa de trabajador de la Compañía Iberia, estableció en nuestras islas una cadena de establecimientos de éxito dedicados a la venta de vinos y otros productos canarios. Manuel Juan Suárez Luis fue hijo, hermano, padre, esposo, amigo. Silvestre el Pajarero, hacedor de jaulas, taxista, gran cocinador  y degustador de baifos, fue su abuelo. La piscina de los Padres Salesianos de La Villa de La Orotava ha perdido una sonrisa contagiosa que lucía hasta bajo el agua, la Subida del Santo y la Romería de la Villa ganan una leyenda, y muchos tenemos la suerte de tenerlo para los restos como compañero de viaje; aunque cuando suena cerca el rugir del motor de una motocicleta, el subconsciente aún nos engaña y nos obligue a mirar atrás por si fuera él.

Y hay casos en los que hasta desde el otro mundo resuelven entuertos de los vivos. A más de uno puso en su sitio desde el féretro y a otros les ayudó a gozar de cada instante de esta vida. Lecciones de ultratumba.

Junior o lo que pasa en Tenerife

Era de la familia, lo recordaba el otro día el Vingal: “es que cuando ya son de la familia…” Un vecino de San Juan de la Rambla halló sus restos mortales calcinados, aún humeantes. Se puso en contacto con la Guardia Civil de Icod de los Vinos y la Benemérita se hizo cargo del caso. El caso es que fue secuestrado, torturado, vejado, vilmente asesinado y luego quemado para no dejar rastros. La investigación para esclarecer los hechos está en marcha.

“¿En Tenerife también hay gente mala?”, me preguntó hoy un compañero. Pues va a ser que sí. Va a ser que en Tenerife hay por lo mnos un par o tres de fuertehijoputas que son capaces de destrozar a una familia al cercenar así una vida.

Junior hizo buenas migas conmigo, con mi madre, con mi hermana, con Tomatillo y hasta con el Viejo, que de vez en cuando salía con él por su buena compaña, entrega, humildad y atento servicio.

Llegó a la familia de manos de uno de los vecinos, los Salamanca, alla por la muerte de Cuatro en la autopista, que nos lo presentó con gusto (sabía lo que hacía), y Junior nunca se había sentido mejor que con nosotros. Modosito, no hacía grandes alardes ni se hacía el chulo, aunque si había que calentarse, lo hacía. Tranquilo, supo ayudar a todos. Ahora, por último, se encargaba de mejorar la calidad de vida de Lolli, a quien cuidaba y asistía en sus labores de madre (será quien más lo llore).

Ha muerto Junior y no de muerte natural, que lo han matado, lo secuestraron en La Laguna y sus restos humean calcinados en San Juan de la Rambla. Sé que Tenerife está hoy más lejos para mi, y no quiero volver a Los Rodeos en años.

Lo que pasa en Tenerife es que si dejas el coche en las inmediaciones del Aeropuerto Norte-Los Rodeos, te lo roban, se lo llevan a San Juan de la Rambla y lo queman. Luego te busca la Guardia Civil y te da la noticia de la muerte de uno de la familia: Junior, un Peugeot 205 Junior, TF-8629-AX, para más señas. Descanse en Paz.

P.S.: Amigo, hermano, no hay chatarra digna de tus huesos, te enterraré en el jardín, junto a los restos morteles de Hot, Sandy y nuestra amada gata Pujani, quienes nos amaron por más de 20 años.

La foto es de Paul Gutiérrez.

Réquiem por un sargo

Ayer tarde maté un sargo. De más de un kilogramo de peso, picó esquivo, pero luchó como un jabato y supe darle liña y puntera para ir ahogándolo. La caña era la finita, y al carrete no le sonaba la chicharra. Cuando estaba fuera del agua, pendiente de un hilo, en lenta escalada risco arriba, el compañero de pesca trató de asir el nylon al tiempo que se partía y el sargo se fue al agua con el anzuelo en la boca, la plomada de tubo y arrastrando el roto cordón umbilical que nos unía.

Ayer maté un sargo pese a que a primera vista se perdió de vista nadando tan campante. Ayer maté un sargo porque o se habrá enganchado por esos fondos rocosos o lo supieron más lento los depredadores.

Lamento herir a un animal que no voy a rematar e ingerir; pero el sargo estará muerto o en las últimas. La tarde fue preciosa, un pariente del amigo perdido salió primero, y me lo cené luego con unas papas peladas y aceite y vinagre, pero el perdido, que no se lo comía de una sentada ni el más pintado (o hambriento), siguió su camino, aunque esa senda fuese la de la muerte inminente.

Lloro pues tu muerte, querido sargo breado,

lloro tu mala ventura, tu deambular errático

arrastrando las cadenas del pesar

de un mordisco esquivo a la Miga Estrada,

siento haber sido juez, verdugo y enterrador

en jardín de nácar de tu noble ser.

Tras pérdida tan significativa, el mutismo se adueñó de la pareja de pescadores. La bella tarde se tornó noche cargada de luto y los caballitos de mar persiguieron a un sargo renqueante y condenado a muerte: Neptuno lo tenga en su gloria.

P.S.: Si alguien tiene por ahí la foto de un sargo, que la sume en un comentario, se agradecerá.

Un can pompeyano

Ladra en la tarde un can pompeyano (sólo los perros italianos lo entenderán), las cenizas del Vesubio no dejan de caer y se espera la llegada de una nube piroplástica:¡sálvese quien pueda!… Y el destino quiso que quienes se salvaran fueran una ciudad y una cultura, que aguardaron cientos de años para ser redescubiertas.

El amigo Melchor Padilla [ya puedo darle ese trato] nos da hoy el pie de este post: su entrega nos acerca al mundo clásico, a un perro atado en Pompeya y a la intrahistoria de  una muerte y una resurrección perrunas.

Atado en un zaguán, ladra un can pompeyano, que pasará a la historia como Laika o Rintintín o los ciento-y-no-sé-cuántos dálmatas. Una muerte cierta y terrible para gozar de una vida ahora cuasi eterna, cual faraón de Egipto. No fue una noche de cuchillos largos, que habrían cortado la correa del pobre chucho, que no tuvo más remedio que tenderse en espera de la eternidad que no buscaba; fue una noche de calor intenso, lluvia de cenizas y de ríos de entraña de tierra. Luego, tras los cepillos, escobillas, cinceles y picos y palas de los arqueólogos, se destapó la historia de la vida de un perro interrumpida por el magma virulento (no tan lento).

Hoy me alegran el día unas fotos turísticas de un viaje a Pompeya. El blogexilio parece más pequeño, más cercano, más atado a los lazos invisibles del sentir y palpitar colectivo de un ingente de seres que habita en un planeta algo menos condenado, pues tiene la deferencia de recalar en las historias milenarias del llanto de un perro petrificado.

Ausencias

https://blogexilio.wordpress.com/2013/03/04/ausencias/

La mortaja del discontínuo Lázaro

El pan nace y muere todos los días, como los periódicos de papel. Lugo llegan los digitales y el pan se transmuta en pan de molde o pan de lata y te pude dar la lata por mucho más tiempo. El panadero ama su trabajo, alucina con el milagro diario de la floración de la harina y adula a la levadura hasta la propia explosión.

El panadero se sabe enganchado a ver sus barras en el mercado, a oler el aroma de un horno en su punto y al derretir de la mantequilla en la miga aun caliente. En pleno de-sastre el panadero quiere una mortaja de manga pastelera, con ribetes discontínuos de torta de manteca, sazonado todo ello con cabello de ángel caído.

La mortaja del discontínuo panadero Lázaro, enebrada con hilos teñidos de tinta negra, gira sobre su cuello en una suerte de abrazo eterno, capaz de estrangular las recetas del pan de matalamalauva, de las magdalenas paciegas y el dulce de membrillo de tus ojo, amigo.

Pérdida

Martes 18 de mayo de 2010
Busqué sin éxito su esquela en los periódicos de la semana pasada; mientras titulares de calibre y calado trataban de reclamar mi atención sin lograrlo. En ocasiones una pérdida puede ser esa noticia cercana que conmueve hasta eclipsar al resto de la actualidad; aunque se haya decidido la Liga o los mercados sigan revueltos mientras cae el también premiado juez Garzón.   En la calle Amanay de Toto pregunto a quien todo el mundo conoce por Manuel, pese a que realmente le pusieron Ginés por nombre. Paco Díaz, Francisco Díaz Méndez, hubiera cumplido 78 años en noviembre y era uno de los nueve hijos que tuvieron Josefa Méndez Armas y Julián Díaz. Casado con María Armas Díaz, tuvo cinco hijos: Francisco, Juan, María Eva, Amelia y Carmela. Agricultor primero, pastor después y camionero luego, nunca se le conoció un pleito. El jueves desde temprano pelaba ovejas con Aníbal en Mézquez y se sintió mal, condujo su vehículo a casa, a donde llegó cansado. En Pájara casco no había médico ese día, y lo llevaron de urgencia a Tuineje, donde murió de un infarto.Sólo trabé conversación con él alguna vez, pero guardo grato recuerdo del saludo amable que a todos brindaba, lleno de la complicidad de quien se sabe afortunado por concurrir en la existencia. Su fallecimiento nos ha recordado en el pueblo la fragilidad del ser, que sabe que su camino no es otro que andar hacia la segura muerte. En esa tesitura está Luz Casal, a quien le vuelven a diagnosticar otro cáncer de mama, del que todos esperamos salga victoriosa, que a lo mejor lo han cogido a tiempo. A quien no le dieron margen de tiempo fue a la pobre sevillana a quien su ex, un peluquero de su propio barrio, de 54 años de edad, la degolló en plena calle. Patético como el derrumbe de dos edificios en Mataró o la muerte de una criatura por el ataque de un perro peligroso propiedad de su propia familia.Uno piensa entonces en Paco Díaz, que se fue como los 43 pasajeros del avión desaparecido en Afganistán, y reclama más cordura, hermandad y solidaridad, que pese a que ha llegado el momento de las generalizadas bajadas de los sueldos, siempre debe haber dinero para salvar al mundo; pese a que ello pase por reflotar primero al euro y por redistribuir la renta.Por desgracia, sólo a unos poco importa eso, otros están con Mourinho, el Mundial, los coches y las motos; o con las multas, como Rubalcaba, que nos recomienda el pronto pago. La vida sigue, interceptan a un camello en el Aeropuerto de Fuerteventura con 615 gramos de heroína en su cuerpo, Cardón prepara sus Fiestas en Honor a Nuestra Señora del Tanquito y ya son 300 las mesas reservadas para el Baile de Taifas que acoge Puerto del Rosario para celebrar el Día de Canarias. Me dicen que todavía vive un hermano gemelo de Paco Díaz, Juan, y que se le parece mucho: no sé cómo reaccionaré cuando lo vea.

Un país en la mochila

España llevará ya por siempre a José Antonio Labordeta en su mochila; y la eternidad contará a partir de ahora con un embajador de lujo capaz de cantarle las cuarenta en bastos. No perdemos a un paisano, ganamos para los restos la honra de quienes se saben herederos de un gran hombre, un ser tan del pueblo que curtió y cosió con sus pasos y quehaceres el terruño patrio hasta desnudarlo y revestirlo con la única finalidad de airear sus mejores esencias. La esencia de Labordeta magnifica hoy la sociedad que contribuyó a crear, esa en la que un diputado comprometido con su tiempo e impulsor de la consecución de más derechos sociales puede mandar a la mierda desde la tarima de oradores a quienes en los escaños no están a la altura del respeto debido a la voz del pueblo soberano. Muchos, por aquello de las circunscripciones, no tuvimos la oportunidad de respaldar sus candidaturas al Congreso; pero él sabía que nos representaba, pues su voz y voto velaban por el conjunto de los españoles, responsabilidad bien llevada hasta su último suspiro. La vida de un hombre bien puede ser sólo un suspiro en la historia de un pueblo, pero hay pueblos que con solo un suspiro ya hacen historia.

Olvidos

España lleva ya para siempre a José Antonio Labordeta en su mochila, para no olvidar así los caminos, senderos, rincones, paisajes y el paisanaje del suelo patrio. El ilustre aragonés pateó la piel de toro y las ínsulas durante siete años, para encorsetar en la pequeña pantalla lo que no cabía ni en la de los cines; mas su gran lección, la demanda de libertad. Luis Miguel Aranda se despistó, no sabe si por una llamada telefónica o por un reclamo de una compañera de trabajo o de un familiar de alguno de los mayores que tenía en custodia; pero se le fue el baifo o el santo al cielo y ese lapsus costó la vida a dos ancianos a quienes trasladaba en una furgoneta. Perecieron sentados en sus sillas de ruedas, en el interior del vehículo estacionado frente a la entrada de unos de los geriátricos de Cienpozuelos, en Madrid.Lo que no debemos olvidar es que, en lo que va de año, ya han perdido la vida 50 mujeres a manos de sus parejas, siete más que en 2009 por estas fechas, lo que se nos antoja una tendencia y lacra social difíciles de erradicar. Y uno se pregunta ¿cuántos pueblos se habrá pasado el desquiciado de José Ángel?, que iba jactándose por la calle con la cabeza en la mano que le había cortado a quien se supone amaba.   Contra pronóstico, y sin olvidar pedir perdón por los pecados de otros en el seno de la Iglesia, Benedicto XVI sale respaldado de su viaje al Reino Unido, cuando la Reyna Marisol preparaba en Los Ángeles una matanza colectiva en el seno de los seguidores de su secta particular. Las miles de víctimas desamparadas de los tifones que afectan a Taiwan y China (con vientos de hasta 220 kilómetros por hora) y las de los huracanes de las islas Bermudas y Canadá, y de las inundaciones en Croacia no olvidarán nunca su desgracia, que deja a nuestras lluvias peninsulares en meras aguas de borrajas.Para olvidar lo de ese periódico alemán considerado serio, que viene a decirnos cómo son o cómo ven a nuestras ministras, tan malo lo uno y lo otro si las tildan de ‘muñequitas de Zapatero’, más pendientes de los trapos que de la gestión del paño.Leo Messi es cazado en los minutos de la basura y tendrá que olvidarse de dos partidos.  Y para no olvidar lo de Guardiola, que encumbra al guardameta colchonero para darnos esperanzas al corroborar que cada día nace un genio.Los mineros españoles del carbón marchan esperanzados hacia Oviedo, y lo harán incluso hasta Madrid si hace falta, para que no se olvide que demandan el mantenimiento de una actividad que les ha dado de comer hasta la fecha, aunque algunos estén de huelga de hambre.Dan por finalizado el vertido de crudo en el Golfo de México, lo que el ecosistema de la zona no olvidará en mucho tiempo, si es que se recupera para tener consciencia. Mientras, en Nueva York, entre velados olvidos obligados, Mohamed VI y Zapatero posan para la foto en un foro internacional de naciones unidas que parece mostrarse más sensible ante la pobreza extrema. No olvidemos el hambre si queremos combatirlo.

Ausencias presentes

Como si de rachas o series u oleadas, en nuestras vidas hay espacios de tiempo que almacenamos en la memoria al caracterizarlo por una sucesión desmesurada de pérdidas irreparables que nos susurra y recuerda al oído que no somos más que mortales. Esas ausencias presentes se unen entonces para fijarse coaligadamente, y Bin Laden y Severiano Ballesteros quedan ahora en esta Primavera 2011, en la que también Zapatero nos dijo que se iba.

Tal impacto causan en la colectividad algunas bajas, que ya en el preciso instante de la partida somos conscientes de que comienza la ausencia-presencia, ese estar después de estar, ese entrar en la historia de una humanidad que sólo pone a cada uno en su sitio con el paso de los lustros o los siglos.

Seguro que cuando alguno guarda en su cabeza una de estas primaveras negras, o una cuesta de enero luctuosa o un verano horríbilis, es también porque la muerte de personajes públicos y notorios se suma a esa otra cadena de fallecimientos de allegados y conocidos desconocidos más allá del ámbito local.

Carlos Padilla Padrón, un gomero en el recuerdo

Las islas han perdido a uno de esos canarios ilustres por la hondura de su corazón. La Gomera ha perdido a uno de sus hijos más cariñoso y comprensivo, un hombre que, pese a su juventud, por su generosidad, entrega a los demás y profesionalidad, supo servir y vivir. En el Hospital Insular, donde se le quería bien, desarrollaba su trabajo de mantenimiento; pero siempre tenía tiempo para echarle una mano a sus convecinos. San Sebastián ha perdido a un puntal en La Costa, un promotor del Carnaval capitalino, de las tradiciones, las fiestas y la Romería. Todavía guardo en La Orotava el sombrero de Margariteño que nos emparentó por unas noches en unas carnestolendas colombinas en las que supimos ponerle ritmo y música al disfraz, tirando de aquel ‘Mercedes’ viejo y verde.

El amigo llamaba siempre para evitar que se oxidaran las amistades y para invitarte a esos eventos familiares destacados que hoy siento haberme perdido. Entorno a su mesa y la de su gente me sabía uno más, un gomero de adopción, un gomero light que le mandaba desde Tenerife garrafones de vinos de Santa Úrsula y La Victoria.

Fara, los niños, sus hermanos y toda la familia estarán consternados por una pérdida tan inesperada como repentina. El pasado sábado cruzó la puerta y sus pasos se pierden ahora en el recuerdo, un recuerdo que me obliga a reconocer que, tras cuatro años de trabajo en La Gomera, allí no tuve un amigo como Carlos, capaz de querer por el simple placer de ser querido por la gente. Hay personas que pasan por nuestras vidas sin pena ni gloria, mas Carlos Padilla goza de muchísima gloria en muchos de los corazones de quienes tuvimos la suerte de cruzarnos en su camino y compartirlo por un rato.

Marcelino

De niños sólo teníamos un Marcelino, el del pan y vino. Tras la muerte del dictador, la pequeña pantalla nos sacó del error y había más. Y el que caló más hondo en nuestras vidas fue un tal Camacho, el de la voz profunda, sindical y solidaria.

Primero hablaba de esperanza y del fin del terror, y luego del comienzo de la lucha democrática por los derechos de los trabajadores. Se nos ha ido Marcelino Camacho, un compañero que supo bordar con hilos de esparto imperecederos la impronta de la lucha obrera; un hombre que desde el respeto de la carta magna blandió la enseña de los logros para el común de los mortales.

La historia de España pasa página, pero las páginas de muchas historias personales de cuarentones de nuestro país llevarán hasta sus propias tapias el recuerdo de quien desde la austeridad de la igualdad quiso y logró contribuir a hacer una sociedad mejor.

El cliché de comunista no sé si se lo quitaron, se lo quitó o lo llevará para los restos, pero muchos y muchas nos pondremos estos días un sombrero para, con el respeto debido, quitárnoslo ante la particular lucha de un hombre solo, que nunca estuvo solo; un hombre que supo amar a los suyos y que supo tener entre los suyos al resto de los mortales. Hay luchadores que no descansan en paz ni tras la muerte, y estamos ante uno de ellos. Seguro que en el otro mundo ya negocia mejoras, que tiene toda una eternidad para seguir haciendo el trabajo que fue su vida.

Doña Juanita y don Fernando

No fuimos más ruines gracias a ellos, gracias a que doña Juanita y su esposo, don Fernando, sabían cómo orquestar el bullir de pupitres. Ella con la bondad y el amor de una madre maravillosa y él con su sola presencia. No había muerto el dictador, por lo que eran tiempos de cantar el prietas las filas y alargar el brazo derecho para ubicarse en las formaciones del patio. No se habían abandonado las costumbres de los reglazos, los coscorrones y los tirones de orejas, imagino que por aquello de comulgar con lo de que ‘la letra con sangre entra’. Quien reponía la regla rota la estrenaba ofreciendo al maestro la palma abierta para saber del empuje vertical y hacia abajo del impacto de la misma al imprimirle la fuerza del brazo docente. El acto era solemne. El reponedor alzaba la mano, pedía permiso para hablar y arguía que tenía repuesto para la regla partida, que siempe tenía nombre. Era llamado a la pizarra y, si no se partía la vara, con el primer golpe asumía el cargo y se bautizaba. ‘Tizona’, dijo entonces don Fernando al escuchar el grito incontenido del muchacho mientras la mano enrojecía.

Las madres saben espetar en medio de una conversación tribial la noticia de una pérdida: Ha muerto don Fernando, el Cañón, don Fernando Álvarez, el maestro. No se paga la deuda a un enseñante (menos a dos). No se olvida a un maestro, no se deja de querer a una familia como esa, alma del colegio de La Concepción de La Orotava durante tantos años.

P.D. Un abrazo a la familia, de la gente de Loquepasaentenerife.com y de miles de alumnas y alumnos que somos así gracias a ellos.

Las esquelas del 20-N

Un amplio espectro de la prensa escrita española publicó este 20-N esquelas en recuerdo de Francisco Franco Bahamonde, José Antonio Primo de Rivera y Manuel Hedilla Larrey. Ahora sabemos del veinte de noviembre por las esquelas. Unas las pagaban desde la fundación nacional y otras las firmaban sus camaradas de la auténtica. El Caudillo quedaba en ellas como muerto cristianamente al servicio de la patria en 1975, y los otros dos como patriotas y revolucionarios.

Al leer las esquelas hoy, muchos jóvenes habrán creído saber de un recién palmado, un tal Francisco Franco. El tiempo no perdona, es verdad… Sí, se dice uno; el tiempo no perdona,… pero las esquelas siguen ahí.

DSC04357

Francisco Javier Abréu Cruz

(Carta al director enviada en marzo de 2004 a los periódicos tinerfeños).

Se nos ha ido uno de esos pocos amigos que uno quisiera tener para toda la vida: Francisco Javier Abreu Cruz (Javi, Javielillo, Javillo). Ese deseo egoísta presentaba la posibilidad de la pérdida como impensable e imposible, pero suena el teléfono y llega un mazazo tan rotundo como galopante que crece por momentos y es devastador ya cuando su madre, Susa, confiesa la intensidad del dolor. Hay un antes y un después de su pérdida, y la memoria brinda recuerdos compartidos de niños, adolescentes, jóvenes y adultos; de juegos de chicos, de viejos colegios, de la primera discoteca, de la sidra que bebíamos mientras revelábamos fotografías en blanco y negro… La memoria pinta también nítidamente el último abrazo, el último apretón de manos, los magníficos Carnavales que acabamos de disfrutar hace unos días y hasta el último, sentido y multitudinario adiós en un cementerio portuense abarrotado de gentes que se sabían amadas por el niño, el adolescente, joven y adulto que fue Francisco Javier Abreu Cruz, un hombre de una madera tan dura como blanda curtida en las miles de entregas de un ser que siempre supo amar. Gracias a las lágrimas que empañan estos días mis ojos y mi corazón puedo ver con toda claridad (aunque parezca una incongruencia) que todos los congregados en torno a su vida y muerte éramos gente importante, muy importantes y afortunados fuimos por haber sido amados por un personaje como pocos ha dado la tierra canaria. Condenados ahora a vivir sólo con su ausencia y recuerdo, saco de mi agenda de bolsillo uno de sus legados, una pegatina en la que la leyenda <<Murieron ellos, pero no su mensaje>>, acompaña a una imagen a plumilla de un cómplice abrazo entre Carlos Marx y los hermanos Marx. Atrás queda un mundo, una vida… ¿y delante?, qué nos queda ahora delante sin Javillo mas que seguir su ejemplo y mensaje para aprender a amar como sólo él supo, con el corazón abierto de par en par y en las manos, y con una mirada tan limpia que se reflejaba en sus ojos la intención del que estaba enfrente.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s