Poema

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En aislamiento domiciliario por pandemia de Coronavirus: “quédate en casa”.

En el día mundial de la poesía de este 2020, en aislamiento domiciliario por la curva ascendente del COVID-2019, abro el libro Entre 4 paredes del canario de Vallehermoso Pedro García Cabrera y, de Este hogar en que vivo, leo Compañera te doy, que dedica “A Sebastián Mora Mora y Julia”:

<<El aire del hogar

no es aire a la intemperie;

está domesticado, tiene anillo

y se frota el hocico en el espejo

donde te anudas la corbata.

El aire del hogar, su blanco aliento,

es una primavera de color,

el perrillo faldero de tu compañera.

Piénsalo ahora en su trajín. La sigue

hasta las puntas de los dedos,

donde los frutos de los movimientos

maduran lo que tocan:

ya sea el libro en que acuestan a dormir las ideas,

ya el juguete que ríe en los zapatos de los niños,

ya el jazmín que florece la manta de savia de su cabellera,

ya el hornillo en que canta el agua hirviendo.

¡El aire del hogar! Míralo, óyelo,

como sigue, por veredas de sangre,

el decir de sus manos,

viéndole por dentro crisálidas de tactos,

madrigueras de coyunturas,

mariposas de ademanes,

madreselvas de ternura,

cuando trafica cacerolas y porcelanas,

o le pega un botón a la camisa,

o le da de beber a los pollitos.

¡El aire del hogar!

Allí te espera y sale a recibirte,

meneando la cola como un perro,

la sonrisa del pan sobre la mesa.>>

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Los gatos tampoco salen de casa, por si acaso.

P.D.: En Onda Cero, la emisora de radio, un contertulio sugirió esta mañana (21-03-2020) un poema de Jorge Luis Borges, El amenazado, y recitó de memoria este verso: <<Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.>> Inspirado, me puse la mascarilla, los guantes y, sigiloso, para que ella siguiera durmiendo (era muy temprano), cogí dos bolsas y traté de salir a la calle para introducir papeles, cartones y envases en sus respectivos contenedores, para así reciclar. Pero algo me detuvo en el umbral como si de pronto me hubieran dado un latigazo: en la acera, justamente frente a nuestra puerta, a mis pies, una mierda de perro me decía que era tan fresca como la mañana. “Buen poema vecinal”, me dije.

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El barrio, días antes de decretarse el estado de alarma, con el bar de la asociación abierto al público.

 

 

 

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