El último vuelo

la foto 1 (11).JPG

A la azotea de la casa de Antonio y Fidela llegó una paloma. Estaba enferma. A primera vista se la notaba desmejorada, pues arrinconada a la sombra en una esquina, mantenía la cabeza gacha y tenía mala pinta. En la azotea de la casa de Antonio y Fidela siempre hubo un palomar, cuyos residentes obligaron al paisano a llenar de vitrinas el comedor para colmarlas de trofeos magníficos. La pila de diplomas, sellados y rubricados por instituciones colombófilas y sus mandatarios regionales y nacionales, supera de alto los treinta centímetros. No supimos si aquella paloma nació en aquel palomar o vino a él en busca de sus raíces, pues puede que sus padres o abuelos crecieran allí.

El reloj cronómetro de palomas de Antonio registró en otros tiempos los tiempos invertidos por sus palomas mensajeras en cubrir la distancia que separa su casa de África, la Península Ibérica y otras islas de la Macaronesia. Partían en cestas que cargaban primero en camiones o furgonetas y luego embarcaban en cargueros, trasatláticos o aviones.

En torno a la azotea de Antonio y Fidela volaban en círculos bellas palomas. Las había buchonas inglesas, gaditanas, roshan chirag, figuretas, cauchois, alguna chorrera, escandisses y, por supuesto, buchonas canarias.

Cuando llegó la paloma enferma, el palomar sólo era sombra de lo que fue: el techo de planchas de uralita no estaba completo, faltaba todo un flanco, ya no estaban las perchas, ni los bebederos ni comederos; y la puerta estaba en el huerto desde hacía meses y las ramas de la enredadera de judía de parral trepaban por sus barrotes de hierro.

 

la foto 3 (7).JPG

Entiendo que la paloma vino en busca de refugio. De mi mano encontró un bebedero y su última cena. La brújula que en su cabeza marcaba el norte la trajo a casa; donde sólo estuvo unas horas. Y lo que son las cosan, ya la queríamos para siempre, para que  revoloteara sobre la casa, para que fuera amiga y señora de altos y bajos vuelos en torno a la azotea de la casa de Antonio y Fidela (casa que ahora habitamos nosotros), y para que, después de que mejorase, partiera a lugares lejanos y regresara madura y más sabia, y para que, después de unas lluvias torrenciales, trajera en su pico una ramita de olivo.

En esas pocas horas en que estuvo a nuestro cuidado, hicimos planes de futuro, determinamos comprarle un bebedero de barro blanco, pienso, millo y una bonita anilla para que toda la comunidad palomera del mundo supiera quién era la paloma (o el palomo, que no supimos su sexo), de dónde venía y a dónde pretendía volver: a la casa de Antonio Y Fidela.

 

P.D.: A Andrés Zulaika, que se nos fue volando a destiempo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.