Estimado:

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Ahora sabemos que, aparte de cualificar, los cursos de formación profesional del Instituto Nacional de Empleo sirven para hacer amistades, incluso con los consortes, por aquello de la colateralidad inherente a los encuentros festivos en torno a cumpleaños, asaderos, panzadas, pateos y acampadas. Ya no estamos para leer entre líneas cuando dicen que te vas para donde Zara-goza a vivir un tiempo con tu hijo y su gente, o intuir algo cuando no nos acompañas al último adiós a Magdalena porque argumentas que no te gustan esos actos; como si a nosotros sí.

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Que no quieres que te visitemos, que estás malito; que los médicos que te dieron la radioterapia aseguran que ya no vale la pena maltratarte con la quimio.  No me creo nada.

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El aroma de su colonia traspasa hasta las fotografías.

Nos lo largaba hace unas noches Noesella – una de tus compañeras preferida del curso- en un dramático mensaje de voz de WhatsApp que me retorció las vísceras por más de diez interminables minutos. La entrecortada voz de Noesella, pausada adrede por aquello de que sabía que tenía que darnos tiempo a todos para digerir la mala nueva. La Ruin, la alumna del sur de la isla, también lo sabía, y con la realejera te arropan junto a la familia.

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Estos días, mientras en la cabeza esbozaba esta carta, te sabía encamado en esa tu casa de madera, en esa ladera vuestra de Santa Úrsula, pero te sentía en mi huerto, en el gallinero que nos ayudaste a mejorar, en el cuarto que pintaste a rodillo y en la reja donde te asomabas a llamar.

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Ando aquí, amigo, donde me dejaste, incrédulo de cómo respeto ese deseo tuyo de dejarte ir con mi ausencia. Atónito de cómo no voy a exigirte un beso, otro abrazo. Para sobrelleverlo, estrujo la memoria para recordar todas y cada una de las ocasiones en que nos vimos,en que nuestras miradas se cruzaron; para rememorar todas y cada una de las anécdotas compartidas. Y te descubro en La Magnolia y en los muelles de Santa Cruz de Tenerife antes de conocernos. Y en Anaga, El Rincón, Los Realejos, La Orotava, en la finca El Mato…

 

Y como donde las dan, las toman, ruego encarecidamente a quien proceda que no le lea al estimado J. F. B. este canto (por los tiempos sidos) y este llanto (por su inesperada enfermedad).

 

P.D.: No me creo nada. Siempre espero que sea un bulo, que se dé un milagro, una recuperación inesperada o que exista un tratamiento alternativo capaz de revertir la situación.

 

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