Umbral

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Este estanque no es, que está ubicado en otro municipio de la isla.

Para sus adentros, doña Lola dio por resuelto el dilema y sin pesares abandonó decidida el tumulto, cuyos miembros escrutaban el agua verde-opaca del estanque circular de la acera norte del paseo Domínguez Afonso. Al cruzarnos, Doña Lola sostenía que no, que lo que se veía en el fondo del estanque no era el cuerpo de un hombre sino lodos y restos vegetales. Ella siguió camino a su casa y nosotros aceleramos el paso. El suceso movió a las autoridades a obligar a los propietarios a levantar una valla sobre el muro-asiento en el que los transeúntes solían hacer un alto para ver cómo los patos nadaban o cómo aleteaban en el sitio para hundir su cabeza y cuello bajo la superficie en busca de peces rojos. Desde aquella mañana supuse que el caer de espaldas en pleno soporífero sueño alcohólico fue la antesala del umbral entre la vida y la muerte de aquel quien creyó que allí podría recuperar el tino o dormir la mona.

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En las aguas del océano también se ahoga la gente.

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