Ausencias

Ahora, dos gatos.

Ahora, dos gatos.

Búsquen en la imagen el ratón.

Trío de gatos. De izquierda a derecha, Kyo, Tina y Felicita. Antes eran tres.

En la oscuridad de la noche murió al verse implicado en un accidente de tráfico pese a que no tenía carné ni pilotaba un carro. El suceso acaeció frente a casa, lo que entendía sus dominios, si es que los gatos son capaces de creer en el control territorial del espacio urbano. Conducía su silueta felina por el pretil de la acera e invadió la vía cuando no debía. La buena vecindad de la que hablábamos el otro día trató de informarnos con delicadeza del trágico hallazgo.

Hay ausencias animales que enlutan para siempre a las familias, aunque las mascotas sigan vivas en los corazones, el recuerdo, las fotografías y los vídeos caseros. Mientras enterraba su cuerpo en la finca familiar de Pinolere, en los altos de la villa, donde nace la masa forestal insular, reviví uno de mis últimos encuentros con tío Eduardo (ya postrado en el lecho), cuando me tomó por el antebrazo con su mermada mano huesuda y me repitió: “Compañero, Compañero”. Inmensa fue la lección que ese día me ofreció tío Eduá con la experiencia de toda una vida a sus espaldas: la compaña marca la existencia y el lazo que une a los compañeros es en ocasiones más fuerte que el familiar (gracias, Compañero). Sobrecogido por esa remembranza mientras morían las primeras horas de la mañana de autos, brindé con las lágrimas que me nublaban la vista otro sentido adiós a tío Eduardo y uno especial a Kyo, otro compañero que se nos iba. En su mortaja introduje el cuenco donde siempre quiso su comida, y en él dos flores: una de un tajete y otra de una caléndula (flores de color naranja que portan simientes). Le hice un lecho mullido de tierra suelta, allí donde se divisa la corona forestal y todo el valle, para que su viaje por la eternidad le depare buenas vistas a sus nuevos dominios. Al volver a casa, lavé del asfalto y la acera su sangre, que sólo la quería para mis ojos. Cuando vayamos a visitarlo, después de que pase esta borrasca que azota con vientos y lluvias el archipiélago, seguro que la tumba de Kyo lucirá las flores más luminosas del monte.

Hasta siempre, Compañero.

Hasta siempre, Compañero.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s