Entretelas

Un mar de pañuelos blancos desdibuja el cielo.

Un mar de pañuelos blancos desdibuja el cielo.

El momento oportuno’ es el título de un cortometraje de diecinueve minutos del realizador Alber Ponte del que ya hemos hablado en el Blogexilio pasado. Para el momento oportuno, para ese instante crucial tan recurrido y significado desde siempre por la teórica, retórica, dramaturgia, amatoria y cinematografía, deben confabularse los sinos del destino y hasta los del vecino. Sin bullucios pero con la solvencia del orquestador de todas las salsas, Ferran Adrià recomendaría una deconstrucción del tiempo, Juan Mari Arzak se acercaría a la oreja del interlocutor para, con un hilo de voz del traslúcido de un fideo chino de arroz guisado al vapor, legar en última confesión un cóctel de fórmulas monásticas coreanas, niponas y tibetanas con sabor a flor de cerezas espumosas para garantizar la confluencia esencial en el espacio cuando se debe, y claro, Karlos Arguiñano ordenaría una inmediata plantación de perejil exorcizante en aras de apartar las malas hierbas y aportar la sal del motor de la vida a ese confluir sublime. Ahora, cuando salta esa chispa y llega el momento oportuno de los pañuelos blancos, no todos están tan limpios como podríamos imaginar al verlos desde lejos. Legitimidad, oportunidad y deber se contraponen a quienes se apuntan al carro y encharcan el natural significado e impacto de algunos acontecimientos susceptibles de fructificar en movimiento social capaz de mover montañas.

Tiempo, espacio y actualidad presentan pañuelos blancos, prenda que creíamos en desuso, un fotograma en blanco y negro a gran formato precedido por el NODO. Pañuelo blanco es la tarjeta roja que alza con ambas manos en el corazón de Roma el santo padre, quien requiere paz y anhela más juventud y fuerza para el próximo que calce las sandalias del pescador. Reaparecen los pañuelos blancos en las ventanas de los vehículos privados en fuga para anunciar una urgencia camino del hospital ante la obligación del pago de un servicio de ambulancias públicas que en España ha dejado de ser público. Se llevan pañuelos blancos de complemento en solapa de traje de Armani, impolutos pese a estar llenos de llantos de dinero blanco o negro (en sobres, por debajo de la mesa, en Suiza, en paraísos fiscales) perdido, ganado, relavado y/o extraviado en un Yo-no-fui genérico ante el juez de turno. Enarbolamos pañuelos blancos por las familias rendidas ante las mejores hipotecas que había antes, esas que ahora son tan malas, como los bancos y cajas (buenos y malos) que supieron anticiparse (o los invitaron) a pedir el preauxilio antes de recomendárselo a las personas a quienes se desampara hoy. Todo movimiento que se precie debe tener respaldo estudiantil, y ellos sacan su pañuelo blanco por una reforma que no les gusta, por una enseñanza pública, becas que lleguen a los más necesitados y por tasas más asequibles. También debe un movimiento tener una leyenda referencial: ¡Vivan las  madres argentinas de la plaza de Mayo y su ejemplo!

Bombos y platillos abanderan pañuelos de libertad, igualdad, solidaridad, nuevas leyes, listas abiertas e independencias en un océano de pañuelos reivindicativos preñados de pañuelos blancos que nos traerán pañuelitos blancos que irán creciendo, que la oportunidad la pintan calva. Otros, pañuelos blancos en las narices para no oler tanta podredumbre, pañuelos esterilizados los de las farmacéuticas, las multinacionales del consumo y del petróleo, que ni perjudican ni ensucian: que la cuestión está en el pañuelo con el que se limpie, que siempre cuenta, como la bayeta Vileda. En la capital del reino (Madrid) hay pañuelos blancos pidiendo una airosa salida de emergencia para Mou del Santiago Bernabéu por la décima puerta (Champions), otros reclaman pañuelos blancos (rojos) para eludir la cárcel y mimetizarse entre tanta sangre de deportista sin espíritu deportivo. Los drones velan por los prepañuelos blancos de rendición del terrorismo internacional y cuentas y papeles reclaman la paternidad del pañuelo más blanco. Blancos los pañuelos blancos del respeto y la lealtad. Lealtad a uno mismo y a una humanidad que fuera algo más respetuosa y consecuente.

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